El primer proyecto de Bardo en Barcelona nace de una intervención estructural profunda en un edificio del siglo XIX. La eliminación de varios tabiques de carga permitió liberar la planta y replantear por completo la vivienda, manteniendo siempre visible su esencia constructiva original.
La bovedilla catalana, o revoltó, se convierte en el punto de partida del diseño. Su ritmo, textura y geometría inspiran un lenguaje basado en la curva, visible especialmente en el gran mueble-ropero de la zona de vestidor, que transforma una pieza funcional en una fachada interior.
La vivienda se resuelve con una paleta neutra y cálida —cremas, maderas y acabados suaves— que deja el protagonismo cromático a las vigas y bovedillas del techo. El color aparece de forma más intensa únicamente en el baño, libre de este elemento arquitectónico, donde un revestimiento cerámico amarillo envuelve paredes y techo.
Espejos, vidrio curvo y frentes acanalados ayudan a construir una casa fluida, luminosa y continua. El resultado es una vivienda que nace de su propia estructura: una reinterpretación contemporánea de la arquitectura catalana original, convertida en motor de una nueva identidad espacial.